abril 29, 2007

Trascendencia - Parte II

Joaquín se perdió una vez más en sus pensamientos, como pasaba siempre que encontraba esa fotografía. Por eso, se forzó a si mismo a volver a la realidad, al lugar donde estaba y a lo que estaba haciendo.
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Retomó la búsqueda de su agenda, necesitaba hallarla para saber si tenía algo pendiente en el trabajo. La localizó en el fondo de un cajón y empezó a hojearla. Encontró la lista de cosas que era mejor que hiciera para el día siguiente, para adelantar trabajo y ganar tiempo.

Tenía solo dos pendientes, cosas realmente simples para tener que ocupar todo el día en eso. Se sintió defraudado y culpable al mismo tiempo, pues de haber considerado que eran cosas fáciles, no hubiera desperdiciado su domingo en algo de lo que no sacaría demasiado provecho.

Sintiéndose así, empezó a ver que haría con el tiempo que le vendría sobrando en el largo transcurso del día. Primero iría a comprar algo de comer y al volver, pensaría que más hacer.

Salió del estudio, se dirigió a su cuarto y fue hacia el vestidor. Empezó a buscar algo que ponerse para salir hacia la tienda del barrio. Lo primero que encontró en su camino fue la ropa que llevaba puesta el sábado. Eso no importaba pues solo andaría dos cuadras siempre desiertas por ser domingo. Se sacó el pijama, lo puso en el tacho de ropa sucia y empezó a vestirse. Se puso primero la camisa, abotonándola con lentitud, mientras pensaba en lo que compraría. La ansiedad que sentía hace un momento se le había calmado, pero solo pensar que volvería a estar así después le hizo ir más rápido. Se puso el pantalón, miró hacia el suelo, buscando un par de zapatos y encontró un par de zapatillas deportivas. Buscó un par de calcetines en la gaveta y al tratar de ponérselos estando de pie, perdió el equilibrio y cayó al suelo, golpeándose con fuerza. Maldijo su pésimo equilibrio. Aún estando en el suelo, se puso el que faltaba, después las zapatillas y amarró los cordones. Se levantó y se acomodó el pantalón.

Salió del vestidor, y al dirigirse a la puerta, pasó frente a una mesita con un espejo, otro más. Se vio y se dijo a si mismo que mejor sería si se peinaba un poco. Volvió al baño, abrió el mueble al lado de la tina y encontró un peine. Se dio una pasada por el cabello intentando acomodarlo un poco, pero como lo tenía demasiado alborotado, en realidad no logró hacer mucho.

Volvió al pasillo, pero se detuvo en la puerta de su cuarto y le echó una última mirada, como todos los domingos estaba demasiado desordenado. Caminó hacia la puerta, la abrió y salió de la casa. Se volvió para cerrarla con llave. Sin razón aparente, frente a la puerta, alzó la mirada y halló que la luz que iluminaba la galería de entrada se encontraba encendida. Pensó que después la apagaría.
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Se dirigió al micromercado del barrio. Caminaba lentamente, con las manos en los bolsillos, pensando en lo que haría con los dos trabajos que tenía pendientes. Pero volvió a pensar en la fotografía; ¿Por qué la encontraba justo ahora? Él sabía que no dejaría de pensar en eso en todo el día, sin embargo intentó distraer su mente en cosas del trabajo, en la gente que le faltaba por contactar o en cualquier otra cosa.
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Llegó sin darse cuenta. Entró y vio a una niña en el mostrador, comprando víveres, quizás para el almuerzo de su familia, pensó él. Al pasar frente a los carritos de compras, sacó uno y caminó en línea recta hacia la sección de galletas. Escogió dos paquetes de galletas de vainilla, su debilidad, los puso en el carro y siguió andando. Pensaba en qué almorzaría, se decidió por una comida congelada, por que no tenía muchas ganas de estar cocinando para si mismo demasiado rato y eso era lo mas fácil de hacer. Fue hacia uno de los congeladores abiertos. Escogió una que por la tapa le pareció apetitosa.

Como no había sacado mucho dinero, no quiso ceder a la tentación de seguir mirando cosas que bien sabia que no le alcanzaría para comprar. Enfiló hacia el mostrador donde estaba la caja.

Joaquín se puso en la cola para pagar. Apoyó la frente en su brazo, sobre el carrito, mirando al suelo. Recordó que hoy era cumpleaños de su tía y que no podría eludir la llamada de felicitación. De solo pensar en eso sintió cansancio, escuchar a su tía y a su made repitiendo lo mismo de siempre y él siempre pensando lo mismo: cuando iría –nunca-, cuando mandaría fotos –nunca-, cuando ayudaría con la casa –nunca-. No les decía lo que pensaba (o sea el nunca) inventaba pretextos y excusas sin mucho sentido.
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De lejos, en el exterior se oía un tumulto, pero solo cuando se hizo demasiado fuerte para seguir pensando, le presto atención. Al levantar la cabeza, no vio a nadie, pero Joaquín oyó un susurro. Bajo la mirada y halló a toda la gente tirada en el piso, con las manos en la cabeza. Miró hacia adelante, extrañado. Lo primero que vio fue un arma justo en frente de sus ojos. Unió todos los elementos, arma frente a él, gente en el suelo, murmullos y llegó a la conclusión de que era un asalto.

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Continuará...

4 dijeron algo al respecto:

Utópico dijo...

Bastante meticuloso el muchacho. Medio existencial el cuento... Estando alerta y conciente de cada movimiento sin saber explicar realmente porque uno tiene que vivir como vive, pero sin forzarse a si mismo a darse respuestas.

Pablo Enrique Osorio Abud dijo...

"Unió todos los elementos, arma frente a él, gente en el suelo, murmullos y llegó a la conclusión de que era un asalto"

Meticuloso el relato, no el muchacho, desespera (positivamente) el detalle de las cosas que hace Joaquín que hasta ahora al parecer no llevan a ninguna parte. Habrá que ver como acaba y si es necesario saber que Joaquín cayó al suelo y se golpeó.

Me llama la atención que se nombre a la foto más de una vez, aquello indica que el final puede estar relacionado con este artículo.

No sé si utópico le da al clavo en lo de existencialista. ¿Qué tipo de acciones que impliquen la libertad moral se juegan en este cuento?

Finalmente me quedo con el último párrafo, Nella convierte a Joaquín en un sujeto no muy despierto, me parece una descripción un tanto cómica que se hace del silogismo creado en la mente de Joaquín. El final sabrá decidir a lo que lleva.

Utópico dijo...

La razón por la que digo que el muchacho es meticuloso y no necesariamente el relato, es porque es la perspectiva de Joaquín la que esta presente. Vemos y sentimos las cosas a través de sus ojos, por ejemplo pensamos en la foto, caminamos y miramos al espejo, entramos a la tienda vemos una niña, es decir Joaquín camina sintiéndose rodeado de todo y eso es lo que el relato nos dice. Diferente seria si fuese el narrador el que ve las cosas y simplemente se remitiese a describir lo que sucede alrededor de Joaquín. Por ejemplo: cuando el llega a la tienda y ‘ve’ una niña, cambiaria si “cuando el llego a la tienda había allí una niña comprando víveres, quizás para sus padres...” dos voces distintas una desde la perspectiva de Joaquín y otra la del narrador. Y así con muchas partes del relato que nos ponen detrás de los ojos de Joaquín, y no detrás de los ojos del narrador. Entonces el meticuloso, el que se percata de todo y esta conciente hasta de su inconciencia es Joaquín.
Digo también que es existencialista porque Joaquín no se detiene a pensar y reflexionar acerca de su presente, o lo que sucederá en su futuro y la forma de llegar a este, actúa más bien inconcientemente porque en cierto modo es prisionero de la realidad, como dice Heidegger, ‘el’ esta en el mundo. El existencialismo no necesariamente tiene que hablar de libertad del ser, simplemente vivirla conciente o inconcientemente. Principalmente con la actitud hacia la tía y la madre, donde las relaciones tradicionales se extinguen. O con estar en el mundo ‘el supermercado’ y no percatarse de lo que sucede, hasta que la realidad te fuerza a darte cuenta que estas ahí. Joaquín es arrojado a la nada (la realidad), pero es conciente de su existencia o por lo menos trata (se percata de todo y trata de guiarse a si mismo, así sea en un camino que no tiene norte la decisión es solamente suya.

Albanella dijo...

Creo que recién ahora soy capaz de adjetivar o calificar mi escrito (...)

Utópico: Menudo análisis :D No me había dado cuenta de todo eso, realmente lo escribi sin pensar en el sentido de las cosas.. dices cosas muy interesantes..

Pablo: Este cuento no tiene mucho que ver con la libertad en sí (al menos no en sentido explícito) sino con el sentido de libertad otorgada por el sí mismo y su comprensión como posibilidad.
Cierto, el final te dirá el sentido de tanto detalle.

Dejo a uds. la calificación de mis letras... :D